domingo, 2 de noviembre de 2008

Aciaga Hora.


Un fatídico plazo atravesó la puerta de la estancia
donde mi paciencia se tomaba un cafecito,
y se la llevo no se donde.
Me quede alarmado,
buscando con la linterna y una lupa
el rastro de lo que te di.
Solo encontré a Aladino… con la lámpara rota.
Desde entonces los cuatro jinetes del Apocalipsis
juegan al polo con mi cabeza,
esa que degolló anoche
el filo del desaliento.

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